Se trata de García Cuerva quien es el actual obispo de Río Gallegos, quien se mostró muy emociotado luego de que el Papa Francisco transmitiera cuál sería su próximo ministerio. Asimismo dio a conocer que «hace una semana» supo que estaría al frente de la Arquidiócesis porteña.
Para el sacerdote, «lo más duro» de su paso por la Diócesis católica más austral de Argentina tuvo que ver con «estar lejos de los fieles» como consecuencia del aislamiento social impuesto por la pandemia de coronavirus.
También indicó que le resultó «muy difícil tener que firmar y pedirle al Papa la expulsión de tres sacerdotes» acusados de cometer abusos sexuales contra menores. Ello fue en consonancia con la política de «tolerancia cero» que impulsa el sumo pontífice ante estos hechos.
Si bien recientemente criticó a la dirigencia y al Gobierno por el manejo de la pandemia y la inflación, la identificación de García Cuerva con el peronismo genera algunos interrogantes en sectores católicos. Mismo malestar que abarca la figura del Papa, en momentos en que evalúa un posible viaje a la Argentina en 2024, un año en el que no habrá elecciones
El nombramiento de García Cuerva como su sucesor se da en coincidencia con el deseo transmitido por Francisco de visitar la Argentina el año próximo. “Prepara el terreno con la designación del nuevo arzobispo”, reveló una fuente, mientras sobrevuela la percepción de que el pontífice no priorizó un viaje a su país durante los diez años en que la arquidiócesis fue comandada por Poli, a quien el Papa designó a los pocos días de llegar al Vaticano, en marzo de 2013.
En el Episcopado reconocen que García Cuerva es un obispo muy formado, especialista en derecho y en teología, con experiencia pastoral en las villas y en la periferia.
Pero no es la primera vez que Francisco elige a un sacerdote de la periferia y produce un cambio en el manejo de una diócesis de envergadura. Ocurrió en 2019 en Lima, con la designación de monseñor Carlos Gustavo Castillo, para suceder al cardenal Juan Luis Cipriani, formado en el Opus Dei y arzobispo durante 20 años.
En la mismalínea, el sitio español Religión Digital recordó que otras sedes europeas tradicionalmente conservadoras pasaron a tener obispos más progresistas, como Nápoles, Génova y Valencia. Ubica a Buenos Aires en esa tendencia y sostiene que “el carrerismo le incomoda al Papa”, en alusión a la decisión de desalentar que los obispos entren en “la vocación desesperada por hacer carrera”.