Los 133 añitos de Mataderos

Ayer,  14 de abril, el barrio porteño  de Mataderos cumplió  133 años. Se trata del barrio gaucho que hace gala de sus tradiciones con su particular mezcla entre el campo y la ciudad.

La impronta de esos vecinos y su permanente vinculación con las instituciones locales, le dan al barrio ese color único y característico, que lo distingue por sobre cualquier otro. Por ello  es algo más que una simple efeméride en el almanaque.

El aniversario  los convoca y los incluye a todos, para celebrar mancomunadamente un lazo afectivo que los define como comunidad barrial. Así lo entiende la gente de Mataderos, que hoy vuelve a recorrer sus calles para celebrar en comunidad los- en este caso- 133 años del barrio.

La historia

El 14 de abril de 1889 se colocó la piedra fundamental de los nuevos mataderos, que desplazarían de esa forma a los tradicionales Corrales Viejos, ubicados en Parque de los Patricios. Fue alrededor de aquellas instalaciones -que se inaugurarían recién once años más tarde- donde comenzó a formarse el barrio, cuya población vivía de la nueva fuente de trabajo allí instalada.

Mataderos era Nueva Chicago, denominación que aludía a la ciudad norteamericana caracterizada por la industria de la carne. Tal vez por eso, el tumultuoso arroyo Cildáñez se ganó por años el apodo de “el arroyo de la sangre”, pues hacia él derivaban los desperdicios de la industria carnicera.

Algunos tiempo más tarde, el emblemático monumento al Resero se ubicó como un mojón ineludible a las puertas del Mercado, allí donde Lisandro de la Torre le da inicio a la avenida de los Corrales (ver foto). La icónica obra de Emilio Sarniguet –que en sus orígenes supo engalanar los jardines del Palais de Glace- ya lleva 88 años custodiando el barrio, como testigo mudo de su crecimiento.

Hoy, en pleno siglo XXI, con el Cildáñez entubado, el Mercado a punto de emprender su retirada hacia Cañuelas y cientos de historias como señal de identidad, el barrio gaucho porteño celebra su 133° aniversario.

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