La calesita de mi barrio

A que niño no le gusta dar una vuelta en calesita? Y ni hablar de la sensación de bienestar y alegría que significa conseguir la sortija!!

Hoy en la Ciudad de Buenos Aires existen alrrededor de 54 calesitas ubicadas en los distintos espacios públicos, Saavedra y Palermo son los barrios que reúnen mayor número de unidades, pero mi favorita es una de las que se encuentra en la comuna 9, «El carrousel de Liniers», ubicada en parque Santojanni.

Un clásico

Todos los que vivimos en esta ciudad alguna vez dimos una vuelta en calecita, ellas integran la memoria de la Ciudad con un efecto cultural multiplicador, motivo por el que se promueve su actividad y su proyección para las futuras generaciones. Así, entre vuelta a vuelta, esta invitación al disfrute en los espacios abiertos sigue su curso sobre caballos que suben y bajan, al calor de cisnes o burritos que sonríen, a bordo de pequeños aviones y naves espaciales comandadas por jóvenes tripulantes, y en compañía de los personajes animados que las ilustran, y nos recuerda que las calesitas son emblemas de ayer y de hoy.

Preservarlas y fomentar su disfrute es algo de lo que la moyoría de los padres solemos encargarnos, sobre todo en los primeros años de nuestros hijos.

Desde 2015, una ley regula la instalación y el funcionamiento de los carruseles y calesitas en el espacio público de la Ciudad en referencia a los permisos de uso en los espacios verdes y las características técnicas y condiciones de seguridad que deben cumplir estas instalaciones. Además, la normativa vela por el respeto a los valores históricos, culturales y estéticos de estos bienes, declarados Patrimonio Cultural de la Ciudad en el marco de la Ley 1227.

¿Como surgen?

Dicen que en la vieja Constantinopla en el siglo XVII bajo dominación turca, ya existía una suerte de calesita con figuras ecuestres, con las que los caballeros otomanos se entrenaban con fines militares. También en Occidente se habría utilizado el invento oriental con los mismos objetivos. Pero en 1673 un tal Rafael Foyarte, con ojo avizor, vio las posibilidades económicas del invento, si se le daba uso civil. El hombre llegó a Inglaterra y lo patentó como entretenimiento. En la Francia prerrevolucionaria, se convirtió en un divertimento para la nobleza. Luego se popularizó en ferias y espectáculos ambulantes.

En 1860 arribó al país la primera calesita importada de Francia y se instaló en la zona de la actual Plaza Lavalle; entonces El Parque. Su nombre se refería al Parque de Artillería.

Treinta años después, empezó a girar la primera calesita de industria nacional. Las pioneras emplazadas en el Jardín Zoológico municipal y en Plaza Constitución, serían dos de las más antiguas en la ciudad de Buenos Aires; ambas tiradas por mulas y con organito mecánico. Otra de las más veteranas se instaló en 1920 en Ramón Falcón y Albariño, Villa Luro.

¿Y la sortija?

La sortija es un instrumento metálico insertado dentro de una pieza de madera con forma de calabaza. Un invento argentino. El chico que logra alcanzarla, da una vuelta gratis. Y entonces se dibuja una sonrisa en su rostro y se fortalece un poco su confianza y autoestima.

“Hace cinco días
loco de contento
vivo en movimiento
como un carrusel…”

Enrique Santos Discépolo (Discepolín)

 

 

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