Desde este fin de semana llega al barrio la obra, de Alfredo Sanzol. Se trata de uno de los espectáculos de mayor convocatoria en la cartelera española que se presentará desde el sábado 6 de mayo en la sala de Mataderos.
Se trata de una versión porteña de esta pieza, para la que se convocó a Antonio Grimau y Cristina Alberó al frente de un elenco que integran Marcelo Mazzarello, Anita Martínez, Juan Cottet y Valen Podio.
La música y el diseño sonoro es de Mariano Cossa, el diseño de iluminación de Eli Sirlin, el diseño de vestuario de Cecilia Zuvialde, el diseño de escenografía de Marlene Lievendag, y la dirección del mencionado Eduardo Gondell.
Estrenada en Madrid en 2017, “La ternura” es una ingeniosa comedia plagada de referencias a William Shakespeare. En ella se desarrollam cambios de identidad, seres mágicos, desencuentros y el deseo común de encontrar la ternura. Para el autor, la obra “habla de la fuerza y de la valentía para amar. La ternura es la manera en la que el amor se expresa. Sin ternura, el amor no se ve. La ternura son las caricias, la escucha, los pequeños gestos, las sonrisas, los besos, la espera, el respeto, la delicadeza. Una sociedad sin ternura es una sociedad en guerra”.
El unánime éxito cosechado desde el estreno, con el apoyo mayoritario de la crítica y el público, ha hecho de “La Ternura” un verdadero fenómeno teatral que ha girado no sólo por toda España sino también se ha presentado en importantes plazas teatrales de Europa. Y hasta mereció una versión cinematográfica que, dirigida por el cineasta Vicente Villanueva, se estrenará próximamente.
Esta obra de Alfredo Sanzol, está inspirada en el teatro isabelino y es creativa en situaciones de enredos, ingeniosa y aguda en el uso de la palabra, con personajes que exponen sus fortalezas y debilidades.
Si bien la original está situada en el siglo XVI, es actual y provocadora desde sus temas. Una obra que invita a la teatralidad y al juego actoral, transitando la comedia, el drama e incluso la parodia.
De esta manera sus protagonistas oscilan entre el recato y la osadía. Las heridas del amor y el desamor los armó de prejuicios y mandatos, que intentan ocultar la fragilidad que se asoma con la necesidad de encontrar una salida.